Joaquín Novillo, el pequeño gigante de Alberdi

Por Tomás Farías, Santiago González y Candela González Rivero

   Joaquín Novillo, el joven zaguero central de Belgrano, es oriundo del norte de la ciudad. Cordobés nato. Vive con su familia, que lo apoyó desde el principio de esta historia. Él nunca se rindió. Empezó en la escuelita de Luis Galván, luego se fue a Huracán de barrio La France y por último arribó a Belgrano. Con nostalgia habla de esos días porque “se disfruta mucho más jugar en inferiores” aunque con algún recelo por todo el tiempo que estuvo sin hacerlo. Pero la luchó, y lo logró.

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  Llegó a jugar en primera aunque no fue fácil y debutó en un partido contra Unión. Cuenta que era la persona más nerviosa y feliz de la cancha. “A mí me ayudó Lértora. Me dio muchos consejos y me hacía chistes antes de jugar para que me desconcentre un poco”. Cuenta, con algunos rasgos de tristeza, que la última temporada fueron partidos “muy nerviosos y tensos”, sentía que “no podía cometer ningún error porque nos llevaba directamente a la B Nacional”.

  Joaquín también se anima a ahondar en temas que marcan la agenda ciudadana pero que los futbolistas saben evitar. “Pienso que en el fútbol debe haber muchos homosexuales que no lo cuentan porque se les van a reír” y reflexiona que no tiene por qué afectarle “si un compañero mío es gay no le voy a hacer ningún tipo de chiste, va a ser uno más”.

  Comenta que confía en el fútbol como herramienta de contención social. “Mientras más chicos estén entrenando menos hay en la calle”, y sueña con que en todos los barrios haya una “canchita” con un profesor para que los chicos jueguen y “se olviden de las cosas malas”, refiriéndose a la situación actual que estamos viviendo los argentinos. “Cada vez hay más inflación, la gente se queda sin trabajo, los sueldos no alcanzan”. Asume que los futbolistas están alejados, viven otra realidad, pero “uno que es consciente y vive con sus padres, se da cuenta que está mal la cosa”.

  Joaquín Novillo, inmenso como el Gigante de Alberdi y a la vez pequeño, tal cual reflejan sus veintiún años.

Sus ilusiones de consagrarse como jugador profesional se le notan en el brillo de los ojos. Pero sin perder la humildad que lo caracteriza y el amor por su familia, su Córdoba y, claro, Belgrano.

MM

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