Luis Galván, un campeón con todas las letras

En plena cuarentena, el jugador con más partidos en la historia de Talleres nos cuenta sus andanzas en el fútbol. El Nacional del 77, la epopeya del Mundial 1978, el “fracaso” de España cuatro años después y su actual rol dentro del Matador.

A sus 72 pirulos, Luis Galván nos traslada, con inevitable nostalgia, a la época dorada de un Talleres que supo pelear de igual a igual con los grandes del fútbol argentino. “En el Nacional 1977 teníamos un excelente equipo, se nos escapó al final”, dice el defensor a la vez que destaca la gran labor del histórico Roberto Saporiti como DT.

-¿Qué creés que les faltó para conseguir el titulo? Me imagino que si de las victorias se aprende, de las derrotas se aprende el doble.

Totalmente, fue un gran aprendizaje para todos. Habíamos hecho un gran partido en Buenos Aires y creo que acá nos sentimos campeones prematuramente. Fue una pena porque ese equipo le daba pelea a todos.

Con 534 partidos en su haber -número hoy inconcebible dado que las urgencias fagocitan los procesos del fútbol- aquel muchacho santiagueño se convirtió en el jugador que más veces se ha puesto la piel de Talleres, club que lo marcó y lo adoptó para siempre.

Talleres es como mi casa. Me ha hecho crecer como jugador pero también como persona. Es lo mejor que me pasó en mi carrera como jugador.

Luis y Diego. Ese día Maradona debutaría en primera con Boca ante el Matador, que lo tuvo a Galván como titular. Foto: MaradonaPics.

Tocar el cielo con las manos

Claro está que la irrupción de Maradona en el fútbol argentino ha opacado (injustamente) hasta la más fabulosa de las historias. Las nuevas generaciones quedarán atónitas al escuchar que la selección alzó una Copa Mundial sin “Diegos” ni “Lioneles”. O mejor aún, que dicha selección contaba con un solo jugador en Europa, Kempes.

Aunque muchas veces se quiera menospreciar lo logrado con fundamentos en la situación socio-política del país, el equipo de Menotti marcó, a base de esfuerzo, un hito para el deporte argentino.

-¿Cómo se sentían en la previa a ese Mundial? ¿Cómo llegabas vos en lo personal?

-Llegamos muy bien, tanto física como mentalmente. Eso nos transmitían Menotti y el profe Pizzarotti, confianza en nuestro trabajo. Nos enfocábamos más en nuestro juego que en analizar rivales. En lo personal me acoplé bien, a pesar de ser de los últimos en llegar. Ya había sido citado en 1975, por lo que ya conocía la idea de César.

Nos comenta además, el menosprecio que siente por parte de muchos medios para con los campeones del interior. “Molesta un poco que muchos se olviden de nosotros, los que jugábamos en el interior. Pareciera que el Mundial lo ganó Mario [Kempes] solo pero en la final, medios de todo el mundo me calificaron con 10 puntos”, cuenta para luego entre risas, invitarme a corroborar este último dato. Como si su mera palabra no significará una razón suficiente para dar por válida semejante hazaña.

10 días después de jugar la final y cambiar la camiseta con Nanninga, estaba jugando con Peñarol por Liga Cordobesa. La gente se quedaba mirándome. Eran otros tiempos.

El fin de una Era

El ciclo Menotti llegaría a su fin con la derrota de Argentina en el Mundial de España 1982, de la cual Galván recuerda: “Le pasa a muchos campeones, luego de alcanzar el triunfo les cuesta enfocarse, se duermen en los laureles”.

En su segunda cita mundialista, el equipo base del 78 sumado a la dupla Maradona- Ramón Díaz sería eliminada por el “Scratch” y volvería a un país aún golpeado por la guerra en Malvinas. “Se hablaba mucho de Malvinas en el hotel. Si bien la guerra terminó un día después del debut, se decía que nos teníamos que volver, que no participábamos del Mundial. Nosotros no queríamos saber nada, queríamos jugar”, recuerda “El Profesor”.

Además de su paso por Talleres, supo vestir la camiseta de Belgrano, Bolivar y Central Norte, entre otros. Representó al país en tres mundiales Senior.

A 42 años de la obtención del Mundial con la Selección Argentina, Luis Adolfo Galván, quién también ha ejercido la docencia, dedica sus días a acompañar a su querido Talleres en la formación de las jugadoras y los jugadores del Matador.

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