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A destiempo

Jeanette Campbell, la primera mujer

Mujeres

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No es novedad que las mujeres llegamos más tarde a la repartición de derechos y el deporte no fue la excepción.

La primer competencia de Juegos Olímpicos fue en 1896 en Atenas sin embargo la mujer tuvo su lugar en la segunda edición, París 1900. A pesar de ya tener un lugar dentro de la competencia internacional más grande en lo que al polideportivo se refiere, la Argentina tuvo su primer representante en los Juegos de Berlín en 1936.

Jeanette Campbell fue la nadadora francesa-argentina que le abrió las puertas a las deportistas argentinas del deporte internacional. Nacida en 1916 Francia por el estallido de la Primera Guerra Mundial cuando sus padres estaban de paseo por Escocia y debieron refugiarse. Una vez terminada la guerra retomaron su vida en Argentina, Jeanette siempre aseguró que su lugar de nacimiento fue por casualidad y siempre se sintió argentina.

La nadadora no sólo fue la primer mujer en representar a la albiceleste en unos Juegos Olímpicos sino que fue la primer mujer en subirse al podio. El 10 de Agosto, tras obtener el récord olímpico en los 100 metros libres con un tiempo de 1m 06s 4 se colgó la medalla plateada.

La gran deportista falleció en 2003, a los 87 años, en su casa en Barrio Belgrano. Jeanette Campbell no sólo es recordada como una gran nadadora, sino también como propulsora del deporte femenino en Argentina. Y una revolucionaria de los métodos de entrenamiento con la utilización de fuerzas de tracción y resistencia. Una mujer que no sólo quedó en la historia de la natación sino que se animó a romper barreras y prejuicios impuestas por una sociedad machista.

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A destiempo

Juntos a la par

Pasiones y recuerdos

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Nos conocimos una tarde de verano, fue mi viejo quien nos presentó. Automáticamente cuando los vi supe que seriamos los mejores amigos. Desde esa tarde los tres nos volvimos inseparables. No había día que no estuviéramos juntos, corriendo tras una pelota. Éramos de los más conocidos en el barrio, en la escuela, en el club. Cuando no caminábamos juntos los subía a mis hombros y seguíamos siendo inseparables. Fueron miles los momentos donde las risas teñían las tardes y las noches. Yo me despedía cada atardecer y al acostarme seguía soñando con ellos. Soñaba hazañas, goles, vueltas olímpicas, siempre, los tres juntos.

Entre ellos se llevaban bastante bien y eso que eran diferentes entre sí. Ni siquiera que uno fuera de izquierda y el otro de derecha, lograban separarlos. Yo tenia mi preferido, no lo decía en voz alta para no herir susceptibilidades, pero en la cancha yo me inclinaba hacia la izquierda y éramos mas compinches. Ojo, yo necesitaba de los dos; es mas alguna que otra vez hice goles con quien no era mi preferido y la alegría nos invadía igual y las risas por la rareza del hecho, eran las protagonistas.

Perdí la cuenta de cuantos años fuimos inseparables. Pero el paso del tiempo hace siempre mella. Ellos envejecieron rápidamente y yo todavía tenia hilo para seguir jugando. Me negaba a cambiarlos, los amigos no se cambian, son para toda la vida. Pero un día, algo se rompió. No estaba preparado para que la vida me enseñara el dolor de la separación. Con uno de ellos, mirábamos como el otro se despedía y sabíamos que era el final para esta historia de a tres. Estuve mucho tiempo triste, entendía que necesitaba amigos nuevos pero me negaba a buscarlos. Sentía que los extrañaba demasiado, que no iba a poder ser feliz como antes.

Pero el fútbol pesó mas e hice nuevos amigos para seguir jugando. La verdad hice buenos amigos pero ya nunca me encariñé como con aquellos dos. Es más, pude cambiar de amistades sin tanto problema. No quería volver a sufrir, así que era tener amigos para jugar al fútbol, que hoy podían ser unos y mañana podrían ser otros. Los años pasaron, las canas se apoderaron de mis cabellos y yo siempre los recordaba, nunca tuve amigos iguales a aquellos.

Por eso me decidí a buscarlos y verlos una vez más. Y busqué entre tanta gente y allí los encontré. Creo que estuvieron siempre ahí. Los mire y los ojos se me llenaron de historias y las lagrimas recorrieron mis arrugas. Imposible no recordar todos esos momentos vividos, los goles, las corridas, el estar siempre juntos aun cuando no estemos en una cancha. Dejé de lado la emoción, los subí a mis hombros y me fui a patear piedritas al lado de la vía. Como hace mil años, como hoy y como mañana. Siempre, pero siempre, juntos a la par…

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A destiempo

El día que renació el falso 9

Momentos

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El 2 de Mayo de 2009 quedará marcado como otro gran día de exhibición futbolística de aquel Barcelona de Pep Guardiola. Ese sábado, una vez más, el culé daba una clase magistral de fútbol total y nada menos que ante su más acérrimo rival, “el Madrid”.

Aquella soleada tarde en el Bernabeu pasó lo que ya se había visto varias veces durante la supremacía azulgrana de esos años, pero ese día el “cómo” fue distinto.

Basta leer estas deliciosas líneas extraídas del libro “Herr Pep” de Martí Perernau para magnificar lo que sucedió esa tarde.

“Fue en el estadio Santiago Bernabéu contra el Real Madrid. Estaba en juego el título de Liga, el primero de los tres consecutivos que lograría Pep con el Barça, y el entrenador catalán soltó su bomba.”

“A los 10 minutos de partido, todavía con 0–0 en el marcador, dio una orden y Messi y Samuel Eto’o intercambiaron las posiciones. Eto’o, delantero centro, se fue a la banda derecha como extremo. Messi, extremo derecho hasta entonces, ocupó la zona central del campo, pero no en punta, sino retrasado como un centrocampista más. Los defensas centrales del Real Madrid, Metzelder y Cannavaro, no supieron contrarrestar el cambio.”

Esa tarde, el chiquilín que ya no lo era tanto, salió de su “zona de confort” ubicada en el rincón derecho del ataque. Y se centró en el área a lo “O Fenomeno” Ronaldo o a lo “Pantera” Kluivert, por nombrar algunos de los monstruos que ocuparon el puesto de “9” Culé en la historia. Pero con un detalle singular, pasó a ser el 9, si, pero el 9 falso.

“¿Cómo llegó a rescatar de la memoria del fútbol dicha figura? Sucedió el día antes del partido. Repasando un partido anterior entre ambos equipos, Pep advirtió que la presión de los centrocampistas madridistas Guti, Gago y Drenthe sobre Xavi y Touré era muy intensa, pero no iba acompañada por la de sus defensas centrales.
Ambos se quedaban muy atrás, cerca del área del portero Casillas, y dejaban mucho espacio libre entre ellos y los centrocampistas del Madrid. Una zona gigantesca, vacía.”

Guardiola, gran tacticista y desquiciado por encontrar variantes para despedazar a los rivales a través del ataque constante, vio en aquella situación una oportunidad excepcional. Haciendo honor a ese descubrimiento, decidió explotarlo con el más sagaz de sus jugadores.

“Tan clara vio la jugada que levantó el teléfono. No llamó a ninguno de sus analistas, ni a Xavi, el cerebro del equipo. Llamó directamente a Messi: «Leo, soy Pep, tengo algo importante, muy importante. Ven. Ahora. Ya», le dijo.”

Lo que siguió se puede ver en los vídeos, buscando “Madrid 2 vs Barsa 6”. Festival del Barcelona con Messi partiendo desde el medio y aniquilando a los centrales de la casa blanca.

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A destiempo

Maracanazo

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Nacho fue a sentarse solo a la orilla de la tribuna. Por suerte, en ese lugar del planeta había espacio. Lo que Nacho no se imaginaba es que el humo del choripan le impediría ver el partido. El pibe estaba acostumbrado a otro nivel, al menos edilicio. De chico no conocía otro lugar que no fueran las gradas de un estadio mundialista. Pero su infancia había quedado atrás y ya emancipado de sus padres escribía su propia historia, recorría su propio camino. Claro, nunca pensó que debería caminar por calles de tierra y piedra, esperar para ingresar a la cancha sentado en una verja con el permiso del dueño de casa. Tampoco convivir tan cerca del buffet o los vestuarios o que tanta inmensidad conocida fuera reemplazada por paisajes de monoambiente. Nada era como lo soñó, pero era el camino que había elegido.

Sus sueños eran de conocer mega estadios, porque no el más grande del mundo o aquel dónde laten las leyendas más importantes del fútbol. Vivir lo que otros vivieron por estadios de civilizaciones antiguas o con cien años de existencia. Pero soñar con eso, eran anhelos y si bien muchos sueños se cumplen, los sueños… sueños son.

Nacho pateó miles de piedritas, conoció un sin fin de lugares, ciudades y pueblos, siempre con la misma bandera, siempre con los mismos colores. Sus años de joven fueron subiendo como el kilometraje de su Fiat Uno azul. Al dormir abrazado a una pelota, Nacho recuperaba los sueños que los días argentinos le quitaban.

Hasta que una tarde de semana salió el sol en América, bien al norte de un país del sur. Y de pronto fue todo magia, las calles de cemento y las luces de los carteles de neon inundaron el patio de la ciudad y los olmos de las plazas con una marea humana de gritos, euforia y abrazos, como quien deja el encierro, un pozo, el infierno. La caravana se hizo interminable y Nacho cambió de escenarios, las cosas le fueron más parecidas a su infancia pero aún lejos de su sueño. Llegó un zapatazo histórico que lo hizo abrazarse con desconocidos y darse cuenta que nunca estuvo solo, que siempre estuvo acompañado por otros locos como él, esos que van a todas partes y como sea. Y los días fueron más felices y los paisajes más imponentes y la locura se volvió devoción. Al punto de seguir cuál indio a su cacique, hasta la últimas de las batallas, por más que la final se pueda perder. Pero aún su sueño no se cumplía y era por cuestiones de tiempo nada más.

Nacho tomo su Fiat Uno azul y emprendió travesía solo. No por mal compañero ni mal amigo, solo porque así lo quería su historia. Esa que empezó solo en una cancha pelada y a orillas de una parrilla. Paraba cuando el sueño se presentaba, no tenía apuro de nada. Ni idea tenía cuántos días antes había salido, ni cuántos días le llevaría llegar a destino. Disfrutó de cada lugar, de cada paisaje, de cada historia. Llegó y cambió rio por mar, su gran ciudad por otra pero inmensa. Respiró cada aroma que lo situaba en ese lugar. Camino las escaleras hasta su ubicación y se dejó abrazar por miles de locos como él. Pero al rato pasó a buscar un rincón a la orilla de la tribuna. No había humo de choripan que le molestara. Metió suspiro y balbuceó “estoy en el estadio mais grande du Mondo” ni él sabe si la capacidad de aforo justificaba la frase, pero nada de eso le importo a Nacho. Él cumplió su sueño, ese que tantas veces soñó. Y para él, fue su MARACANAZO.

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