Río Cuarto entre Sinaloa y la gloria del Ascenso de Estudiantes

Sin los cárteles del narcotráfico, que alguna trasnochada diputada le adjudicó, el Imperio del Sur desborda las calles para festejar el ascenso de uno des sus clubes más populares. Estudiantes dio cuenta de Sarmiento de Resistencia y volvió a las grandes gestas de los 80 donde participó de los tradicionales Nacionales.

Por aquellos años, solía colarme a la cancha para ver al León, aunque mi corazón le pertenece al Albo. Allí vi al Negro Luis Carranza meterle un gol al Loco Gatti y a Rubén Darío Ramonda clavarle un cabezazo al ángulo al arquero de la Selección, Neri Alberto Pumpido.

En esos años gloriosos de la conducción de Antonio Candini, conocí a Roberto Mouzo, Nestor Tesone, Ariel Crasouski, Heber Bueno y la entrañable Chacha Villagra. En esos tiempos, los clubes de la provincia se prestaban los jugadores para afrontar los torneos de mayor importancia.

Amo a mi ciudad y por eso, a pesar de ser de Atenas, estoy feliz por este ascenso. Porque además jugué tres años en el celeste y pude ser testigo del nacimiento del más crack de nuestros jugadores, Pablo Cesar Aimar.

Por don Antonio y doña Ercilia, que nos servían el chocolate caliente después de entrenar. Para muchos ese tazón y esa factura eran el único alimento del día. Por el profe Marcial, que fue el primero en darse cuenta de mis escasas condiciones, por Walter Bardín, que me tenía fe y el gordo Ferrarese, que me enseñaba lo que jamás iba a aprender  y por todos los amigos del fútbol.

Río Cuarto no es Sinaloa, señora diputada. Río Cuarto es una ciudad, como tantas, con buena y mala gente. Una ciudad donde todavía hacemos la siesta y nos juntamos a jugar a la escondida bajo los mercurios. Un pueblo grande, que hace rato merece tener un equipo en el fútbol nacional. Una ciudad con desigualdades como la mayoría de este país. Una aldea especial para criar los hijos y acompañar los padres. Una ciudad universitaria, culta y popular, donde hay de todo, incluso multitudes que votan por gente como usted. Yo no.

Yo fui a la escuela Normal. Ahí aprendí lo que significa la movilidad social ascendente. También lo aprendí con el fútbol. Soy de un imperio de paz. Por ese Imperio de Chañi – Lao y Filloy aprendí que lo único que me separa de Estudiantes es el arroyo.

MM

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